
Esto del ciberespacio promueve uno de mis mayores defectos y es que cuando leo algo interesante y hace referencia a otra cosa, voy para allá y allí encuentro otra referencia y allá que voy de nuevo, y me sigo alejando del objetivo inicial de mi búsqueda, yéndome por las ramas sin solución de continuidad hasta que me olvido de cómo empezó todo y, la verdad, no llego a ningún final. En realidad es como jugar a
"El tiempo es oro" pero perdiendo el oremus y como aquí sólo hay que hacer "clic" acaba una dando tantas vueltas que ya no sabe cómo encontró qué ni cuándo.
Hace ya días que añadí a la lista de links del blog un diccionario la mar de simpático que encontré en uno de mis ciberviajes. El blog se llama "
el arca de las palabras" y lo escribe una chica argentina, Celeste Mazzadi, que además de encontrar vocablos curiosos, unos más olvidados que otros, tiene mucha gracia para acompañarlos con imágenes cazadas en internet.
Ya cuando lo encontré se despertó en mi cabeza una vieja idea, y es que no sé cuántas veces habré empezado la lista de palabras "típicas de Codos", unas veces por mi cuenta y otras veces con ayuda de alguna que de verdad es oriunda de tan estimado lugar. Nunca llegó a ser muy larga la lista por culpa del escaso tesón que me caracteriza y la extraña facilidad con que pierdo los papeles que no están agarrados al lomo de un libro o cuaderno -menos mal que se cruzó en mi vida la
carpetita de fuelle molleskine que ahora siempre me acompaña y que de tantos apuros me ha sacado en los últimos años (a esto se le llama hacer publicidad gratis, pero es que es verdad, le estoy muy agradecida por sus servicios y además de práctica es la mar de mona).
Estoy segura de que en todas las listas que empecé estaban cuatro palabras que aún hoy resuenan de vez en cuando en mi cabeza sin más motivo que el eco de lo familiar, la melancolía por lugares lejanos y el cariño por aquellos de quienes las aprendí. Hoy he dado un paso más allá del dejarlas resonar y las he buscado en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua y para mi satisfacción, y quizá también sorpresa, todas ellas sin excepción están recogidas en aquél que dicta lo que es castellano y lo que no. Aquí las dejo para quien quiera recogerlas:
Empiezo con un adjetivo, laminera, y lo pongo en femenino porque en la mayoría de las ocasiones venía referido a alguno de los personajes femeninos del clan familiar (de hecho, casi siempre era yo :-)
laminero1, ra.
1. adj. Que hace láminas. U. t. c. s.
2. adj. Que guarnece relicarios de metal. U. t. c. s.
laminero2, ra.
(De lamín).
1. adj. goloso (‖ aficionado a comer golosinas). U. t. c. s.
2. f. rur. Ar. Abeja suelta que se adelanta a las demás al olor del pasto que le agrada.
Supongo que no hace falta decir que la acepción adecuada a la ocasión era la segunda.
Sigo con un sustantivo, badil, que no sé si me gusta más por su significado, por sus formas sobre el papel o por cómo suena. "Anda a por el badil, maña, y recogeremos esto"...
badil.
(Del lat. batillum).
1. m. Paleta de hierro o de otro metal, para mover y recoger la lumbre en las chimeneas y braseros.
Para acabar casi nada más empezar, añado dos verbos. El uno que siempre me fascinó desde lo más profundo del concepto al que está asociado:
barruntar.
(Quizá del lat. promptāre, descubrir).
1. tr. Prever, conjeturar o presentir por alguna señal o indicio.
¿Cómo se las apañan las moscas para barruntar las tormentas? Pues no lo sé pero lo hacen, o al menos en mi pueblo lo hacían ¿Y por qué me fascina a mí semejante palabra? ¿Será la conjetura, será el presentimiento, o será que el destartalado barómetro que llevo a cuestas en la cabeza también, a su modo, "barrunta las tormentas"?
El otro, al que estoy tentada de declarar mi favorito:
capuzar.
(Del lat. caput, cabeza, y *puteāre, sumergir).
1. tr. chapuzar.
2. tr. Mar. Cargar y hacer calar el buque de proa.
Aunque, la verdad, y no es por llevar la contraria a los académicos, nosotros, con un poco de suerte, al capuzar metíamos sólo el pie. Más que nada porque si te caes de cabeza al río Grío más que capuzar te matas… El vocablo da sentido al nombre de aquella Isla de los capuzones, sobre todo para quien ha estado allí y ha resbalado sobre las lisas piedras ¡ai! – chof - ¡Capuzó! O capucé, o capuzamos, porque está la conjugación completa
Lo que no acabo de ver es eso de "formas no personales". Por mucho infinitivo que sea, capuzar no deja de ser algo muy personal, conlleva su estilo ¡y qué decir del capuzando que es gerundio!
Pd: La mosca de la foto barruntaba algo en su vuelo rasante sobre las innumerables piedras de la Playa de los Muertos, ese maravilloso rincón que se esconde en el límite norte de la costa del Cabo de Gata y que ni siquiera la horrible central térmica situada a pocos metros consigue echar a perder (sobre todo si se va uno al extremo sur, tras el
peñasco con forma de cabeza con tupé que tapa las malas vistas)
Pd2: Ni que decir tiene que espero animosa vuestras contribuciones a la lista de palabras típicas de ese pintoresco lugar de la comarca de Calatayud
Pd3: Acabo de descubrir que nuestro pequeño rincón ya no está dejado de la mano de google y se puede dar un paseo por las calles de Codos con su monigote amarillo. Puedo asegurar que las fotos son bastante recientes, aunque sigan llamando a la
plaza “del General Franco”