Por si no os habéis dado cuenta, ya que veo que en este diseño de blog las pestañas se quedan muy difuminadas, he añadido tres nuevas páginas al blog. Una recoge la compilación de palabras de Codos. El caracol viajero tratará de manteneros al día de mis pasos en África (y, si veo que va bien, futuros viajes), y Snailer es la versión inglesa del anterior.
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Explicaciones
Siento estar tan inactiva últimamente. He estado, bueno, estoy, preparando mi próxima aventura y esta lleva un poco más de historia de lo habitual. De momento, os dejo el enlace al blog "oficial" del asunto, el primer curso de neurogenética en Drosophila en Uganda (sí, está en inglés). África, ¡allá vooooooyyyyyyy!
PD: estoy tratando de decidir si os cuento el viaje aquí o empiezo otro blog para darle un poquito más de entidad como bitácora; si tenéis opinión al respecto, contádmela
That was sooo cool!!!!
Estos días hay Luna Nueva "¿Y eso que tiene especial?", dirán. Pues nada, cierto es, que la Luna suele pasar por su fase de Nueva con bastante puntualidad "¿Y entonces por qué lo mencionas?" Pues porque gracias a que no tenemos satélite a la vista, la noche es negra como el carbón y, en consecuencia, también el mar, bueno, el océano. "¿Y?" Pero qué impacientes están, oigan...
La oscuridad permite estos días disfrutar de un espectáculo impresionante en San Diego. Al fenómeno que está detrás lo llaman marea roja, y no tiene mucha gracia ya que viene a ser un problemón de superpoblación. Unos minúsculos dinoflagelados que se reproducen a lo loco y lo dejan todo hecho unos zorros. Lo genial del asunto es que el dinoflagelado que está tomando literalmente nuestras costas en estos días, el curioso Lingulodinium polyedrum, cuando sufre un meneo, ¡hace luz! En noches como hoy, se acerca una a la playa y de cuando en cuando las olas, en vez de blancas, se ven azul brillante, ¡neón! precioso...
Después de ver unas cuantas olas luminiscentes correr paralelas a la playa en La Jolla Shores, nos hemos dirijido a La Jolla Cove, lugar de obligada visita para el turista en estas tierras puesto que está habitualmente plagado de focas, leones marinos, pelícanos, cormoranes y gaviotas (que también se merecen una mención aunque las tengamos más vistas). Esta noche había varias focas cantarinas que en vano intentaban llamar la atención de los que paseaban por allí. Esta noche todos mirábamos al agua. Hemos ido allí pensando que al ser costa rocosa podríamos verlo mejor pero las olas con luces no se llegaban a apreciar bien en nuestro segundo destino. Con tanta espuma la bioluminiscencia quedaba pronto enterrada bajo la tromba de agua, aunque hemos podido ver algunas brillar con ganas y se veian aquí y allá flashes de luz de un azul intenso que asombraba. Como las olas no daban para más, nos hemos puesto a chapotear en cada pocillo de agua que había quedado atrapado al bajar la marea, y cada vez que salían luces se oían wows y look, look, look! (mira, mira, mira) que ni que hubiera salido de excursión la clase de tercero de EGB.
Nos hemos tomado un bocata mirando al mar agradeciendo la suave temperatura que nos ha acompañado hoy y charlando de todo un poco, como hacemos habitualmente, aunque esta vez no ha sido en español (fallo de la profe que entre olas con luces y áfricas está un poco despistada). Ya nos volvíamos cuando nos ha dado por volver a probar en los charcos. Qué disfrute ver cómo el agua se encendía al salpicar. Nos agachábamos al encontrar rincones de las rocas en los que las algas parecían haberse depositado y la luminiscencia se repetía al salpicar de nuevo porque, en general, parecía que a los bichillos se les acababan las pilas después de un par de salpicones. Pero, ¡ja! eso ha sido hasta que aquí a la menda le ha dado, no sé por qué razón, por meter el culo de la botella de plástico en el agua y empezar a girar ¡Aquello no se apagaba nunca! La botella ha dejado de ser divertida cuando he metido la mano y he empezado a agitar los dedos para ver como el agua alrededor de mi mano se volvía azul, ¡azul neón! Solo había que meter la mano bajo la superficie y aquellos bichejos no se cansaban de brillar formando una nebulosa que hacía que mis dedos se dibujaran al más puro estilo Tron.
No he capuzado, pero me he puesto los vaqueros hechos un asquito de apoyar las rodillas para meter el brazo hasta el codo y empujar olas brillantes. Me lo he pasado pipa, y me he acordado un montón de mi sobrino. Las ranas de Codos no tienen nada que hacer al lado de un agua que echa luces. Mañana mismo nos íbamos los dos enfundados en un neopreno a chapotear e iluminar el Pacífico para delirio de los que nos vieran desde la orilla y regocijo nuestro.
Nos hemos tomado un bocata mirando al mar agradeciendo la suave temperatura que nos ha acompañado hoy y charlando de todo un poco, como hacemos habitualmente, aunque esta vez no ha sido en español (fallo de la profe que entre olas con luces y áfricas está un poco despistada). Ya nos volvíamos cuando nos ha dado por volver a probar en los charcos. Qué disfrute ver cómo el agua se encendía al salpicar. Nos agachábamos al encontrar rincones de las rocas en los que las algas parecían haberse depositado y la luminiscencia se repetía al salpicar de nuevo porque, en general, parecía que a los bichillos se les acababan las pilas después de un par de salpicones. Pero, ¡ja! eso ha sido hasta que aquí a la menda le ha dado, no sé por qué razón, por meter el culo de la botella de plástico en el agua y empezar a girar ¡Aquello no se apagaba nunca! La botella ha dejado de ser divertida cuando he metido la mano y he empezado a agitar los dedos para ver como el agua alrededor de mi mano se volvía azul, ¡azul neón! Solo había que meter la mano bajo la superficie y aquellos bichejos no se cansaban de brillar formando una nebulosa que hacía que mis dedos se dibujaran al más puro estilo Tron.
No he capuzado, pero me he puesto los vaqueros hechos un asquito de apoyar las rodillas para meter el brazo hasta el codo y empujar olas brillantes. Me lo he pasado pipa, y me he acordado un montón de mi sobrino. Las ranas de Codos no tienen nada que hacer al lado de un agua que echa luces. Mañana mismo nos íbamos los dos enfundados en un neopreno a chapotear e iluminar el Pacífico para delirio de los que nos vieran desde la orilla y regocijo nuestro.
No hemos conseguido que saliera ni un atisbo de luz ni en foto ni en video, pero ayer unos convecinos con más conocimientos gráficos (y probablemente mejores medios) capturaron estas imágenes que dejan ver bastante bien de qué se trata el asunto.
Vamos de paseo
Unos días antes de que España empezara a reaccionar, yo tomé un vuelo en dirección al este. No llegué a cruzar el Atlántico sino que me quedé en Washington D.C. Tenía un curso cerca de allí durante la semana y volé unos días antes para quitarme de encima el jetlag antes de empezar con la faena seria (y menos mal que lo hice porque, como es habitual, viajar hacia el este me deja KO). La ciudad fue una sorpresa agradable. Resulta extraño sentirse rodeada de historia en estas tierras aunque, como dijo otro cerebro fugado –en su caso de Alemania- con la que paseé por allí, there is something wrong about it (hay algo que no parece que esté bien), y es que, pese a la apariencia vienesa, todo es demasiado nuevo. Además, cuando se ponen a hacer monumentos, son un pelín faraónicos y da la sensación de que Napoleón aún anda suelto. Eso sí, el National Mall es una maravilla de espacio abierto rodeado de museos, todos ellos gratis y muchos de ellos buenos. Lo pasé bien, acabé cansadísima de tanto andar y aprendí, por fin, un poquito de historia americana. Hoy me apetece contaros el viaje con fotos, así que dejo el rollo ya.
Vista modificada de las escaleras de emergencia del albergue
Detalle de las celebraciones por la semana de la policía (debe ser el destino)
Grandes palabrasForo de la libertad; Centro Primera Enmienda
La Casa Blanca por detrás…
… y por delante
Isabel I La Católica reina de Castilla, de Aragón, de las Islas y Tierra firme, del mar océano, presidiendo la entrada a la Organización de los Estados Americanos.
La Tasca en el barrio chino
Museo Nacional del Crimen y el Castigo (¡auch!) En ese no entré.
El carrito de las palomitas
Un Pensador en el Jardín de esculturas de la Galería Nacional de Arte
Miró dando que hablar al otro lado del Jardín de esculturas de la Galería Nacional de Arte
La cafetería en el Museo Nacional de Historia Natural
Acrónimos que parecen fuera de lugar
Música frente al Museo Nacional de historia Natural (sonaba de maravilla ¡y el carro de la compra eran los platillos!)
El primer Gustavo
Un lugar emblemático en la lucha por los derechos civiles en muy mal estado de forma. Ironías arquitectónicas…
Mega estatua de Lincoln situada en el templete que se ve al fondo en la foto de arriba
Discreto monumento a Jefferson
Unas palabrillas de Franklin D. Roosevelt: Ningún país, por rico que sea, puede permitirse el desperdicio de sus recursos humanos. La desmoralización causada por vasto desempleo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente, es la mayor amenaza a nuestro orden social.
El pie del también pequeño monumento al presidente Washington
Una baldosa con historia
15 de Mayo junto a la estatua de Einstein
Interpretación de una visión nocturna del Capitolio
Delimitando la zona libre de humo a las puertas de un edificio público – Baltimore: No fumar dentro de las líneas azules
Ayuntamiento de Baltimore (frente a tan poco ostentoso edificio suelen pasar el día, sentados a la sombra de un árbol, aquellos que no tienen dónde caerse muertos)
Librería Barnes & Noble en una antigua fábrica en la popular zona del puerto interior de Baltimore (para pasarse horas disfrutando de la cultura impresa ahí dentro, ¡qué preciosidad!)
Porque tiene que haber de todo
Porque tiene que haber de todo, hasta gilipollas en Yellowstone, porque sino no se entiende que, vayas donde vayas, tengas que encontrarte con la huella de algún iluminao que pasó por allí antes que tú y sintió la necesidad de dejar rastro (y aunque en la imagen se vea literalmente una huella donde no debería haber ninguna, las colillas también son rastro. Llévenselas a casa, ¡leches! que no es tan difícil).
Una década en fotos
Mangas Verdes dirigía mi atención el otro día hacia la recolección de fotografías de la década del portal TotallyCoolPix.com. Tras un repaso sobre las mejores imágenes de “la década de los ceros”, me vuelve a invadir una sensación de invisibilidad. Por otro lado, visto el cariz que tienen la mayor parte de las fotografías, tomadas fundamentalmente en conflictos bélicos, cargas policiales, represiones militares, catástrofes naturales o desastres medioambientales, casi que me alegro de que, una vez más, los medios se olviden de nosotros.
Que salga Schumacher y no Alonso lo entiendo; que salga Federer y no Nadal, un poco menos (qué les costaba sacarlos a los dos en la misma foto, si ha sido el enfrentamiento entre los dos lo que ha llevado el tenis a su máximo esplendor en los últimos años); que salgan los italianos y los brasileños levantando la copa y no salga la nuestra ya me parece cachondeo después de lo pesados que han estado todos con el mundial y la selección todo este tiempo (aunque quizá yo ande un poco sesgada porque, casualidades de la vida, no creo que me pueda olvidar de ese día). En fin, si no se me ha pasado ninguna, estas son las contribuciones españolas a la década:
- Tres fotografías sobre arribos desesperados de inmigrantes ilegales a las costas canarias
- Una de un toro resbalando en los Sanfermines
- Dos sobre el desastre del Prestige (el barco hundiéndose y el ejército limpiando)
- Una de uno de los trenes de cercanías del atentado de Madrid del 11 de marzo de 2004
Quizá sea eso todo lo que tengamos que ofrecer… Las fotos son pa’verlas. Es triste que la tónica general del mundo en el que vivimos se refleje bien en estas imágenes. Os dejo el link de nuevo porque merece la pena pasar un ratito viéndolas.
Curioseando en la web he encontrado unas fotos la mar de monas de los macacos japoneses. Es curioso, no hace mucho estuve hablando de ellos con un amigo que estuvo en el área donde estos animalillos se regalan con horas y horas de baños termales rodeados de nieve. Las fotos me han recordado a los búfalos de Yellowstone. El primer día hacía un sol radiante y se regocijaban en la verde pradera (o cruzando la carretera). El día siguiente fue lluvioso, húmedo y frío y ellos, sin importarles la peste que acompaña a los vapores azufrados de las fumarolas de la zona, se colocaron al calor de la estufa con total naturalidad. Y luego vamos de arrogantes por el planeta…
Añadido: vale, me acabo de dar cuenta de que la copa la ganamos en el 2010 y supongo que ya no entra en la década de los ceros. Lo que no veo ahora es la razón para sacar la recopilación a finales del año pasado…
Mirando al cielo
En estos días en que tanta gente se debate entre querer matar controladores o ministros, los unos perdiendo la razón (si es que la tenían) con las formas, los otros mostrando su incapacidad de hacer las cosas bien a la primera y prevenir desastres (tampoco es que vaya a sorprender a nadie a estas alturas), en estos días, digo, no voy a entrar (al menos no todavía) al trapo. Aún estoy intentando leer diversas fuentes a ver si me entero de qué hay detrás, y no está siendo nada fácil, la verdad. Lo de mirar al cielo hoy va por otra cosa.
Hace ya unos cuantos años, en la última noche que pasé en aquel rincón del mundo en que conocí a los osos de los que os hablé por no buenos motivos hace unos meses, cuando ya casi habíamos perdido la esperanza de ver la aurora boreal, alguien gritó "the lights are dancing!" (las luces están bailando). Salimos todos zumbando, tapándonos con toda la ropa que teníamos a mano porque hacía un frío del carajo, y nos fuimos deprisa y corriendo a una zona en la que las luces del pueblo no molestaban. Fue un espectáculo precioso. Yo acerté a coger la cámara y el trípode, pero se me congeló el cerebro antes de dar con la fórmula para sacar una buena foto (es lo que tiene la fotografía tradicional, que si pruebas a ciegas con conocimiento casi nulo, el resultado es eso, nulo). Un muchacho australiano obsesionado con viajar hacia el norte me mandó meses después las fotos que él consiguió hacer con su cámara digital. El CD es un buen recuerdo, pero cuando veo videos como el que os dejo aquí hoy, no puedo dejar de pensar que tengo que volver a verla en vivo y sin mucho tardar...
Aurora Borealis timelapse HD - Tromsø 2010 from Tor Even Mathisen on Vimeo.
Como viene siendo habitual últimamente, me he enterado vía PetaPixel.
Yellowstone (I): la entrada
En 1872 el presidente de los Estados Unidos Ulysses S. Grant firmó el Yellowstone National Park Act, en el que se declaraba el primer parque nacional de la historia. Con dicho acto los terrenos que rodeaban el curso alto del río Yellowstone, algo más de dos millones de acres (> 8000 millones de m2) se reservaron para ser
a public park or pleasuring-ground for the benefit and enjoyment of the people(un parque público o zona de deleite para el beneficio y disfrute de la gente)
y lo que a mí me gusta más
and their retention in their natural condition(y su conservación en su estado natural)
La idea proteccionista nació un poco antes, en realidad, en este Estado que me hospeda. Las tierras del valle de Yosemite fueron cedidas al Estado de California para su protección y mantenimiento para futuras generaciones en 1964, cuando el país estaba en plena guerra civil.
La mejor idea de América, según proclama una serie de la PBS en la que la historia y la grandeza de estos parques se repasa con detalle, se desarrolló en los años siguientes con la ayuda de importantes figuras como John Muir, en honor al cual se nombró la sección de Biología de la Universidad de California San Diego.
Al Parque Nacional de Yellowstone llegan cada año unos tres millones de turistas a través de alguna de las cinco entradas. El pasado mes de agosto, esta ciudadana del mundo que les escribe tuvo la suerte de, acompañada de un buen amigo, entrar por la puerta sur. Allí, al sur, otro parque nacional es la antesala perfecta al lugar donde la creación de la Tierra aún no ha finalizado.
El Grand Teton National Park merece una visita más larga de lo que nos pudimos permitir, pero yo diría que, para lo poco que dan de sí cinco días en semejante lugar y la poca idea que teníamos de qué hacer, nos salió redondo.
Volamos a Salt Lake City, adonde llegamos a eso de las 4 de la tarde. Tomamos un coche de alquiler y nos dirigimos al norte, donde pronto encontramos las montañas que nos acompañarían esa tarde y al día siguiente, un panorama perfecto para romper la monotonía del paisaje de sol y playa del sur de California. El Allred Flat campground se nos escondió, así que hicimos veinte millas de más para arriba, y otra vez de vuelta para abajo, pero mereció la pena. Dormimos en un lugar tranquilo y a la mañana siguiente, cuando paseaba por los alrededores para despejar la cabeza (porque la migraña va conmigo a todas partes), se me cruzó un cervatillo por el camino, y al rato pasaron otros dos saltando que era un primor. Fue un buen preludio de lo que nos esperaba.
Tras un desayuno al aire libre bajo el sol de una buena mañana retomamos la carretera rumbo al norte. Aún nos hicimos unas cuantas millas, pero ya nos acompañaba el espíritu del que está de viaje y se nos pasó el tiempo sin darnos cuenta. Junto a una entrada del Grand Teton National Park que viene a llamarse Estación Reno, probablemente porque, como pudimos comprobar más tarde, a los renos les gusta pasearse por la zona, nos encontramos con el lugar ideal para zamparnos una buena hamburguesa hecha al fuego al más puro estilo americano. Aquellas mesas de picnic se reservan unas vistas magníficas y el aire fresco entra en los pulmones prometiendo no abandonarlos hasta que no dejemos esa tierra.
A pesar de las ganas de siesta reanudamos pronto la marcha. Con un pequeño rodeo nos regalamos unas vistas de película sobre el Río Serpiente con las preciosas cumbres del parque de fondo (de ahí es la foto). Regresamos a la entrada del parque y, siempre hacia el norte, nos dirigimos hacia el Lago Jenny. Allí, un sendero marcado nos prometía llegar a las Cascadas Escondidas. Las encontramos, y era cierto que estaban escondidas, pero lo mejor del camino fue encontrar, también escondido entre la arboleda y el sotobosque, un distraído oso negro que se dejó seguir, fotografiar y filmar por un buen rato antes de desaparecer bajo el ramaje. No podía despegar los ojos de aquel bicho ¡Era precioso! Y lo tenía justo enfrente, pasando de mí olímpicamente, olisqueando, mordiendo, haciendo equilibrios sobre un tronco, resbalando…
Lo seguí hasta que se perdió de vista, para aburrimiento de mi compañero de viaje que buscó asiento sobre una roca hasta que se me pasara el atontamiento y decidiéramos seguir. Continuamos hasta las cascadas y seguimos más allá, hasta el Punto de la Inspiración. Bonitas las vistas sobre el lago y recomendable el paseo, a pesar de que el trazado del camino se hace un poco más difuso y no está muy claro cuál es el punto que debe inspirarte. Para acabar de adornar el pastel, en la bajada nos cruzamos con otro cervatillo de ojos curiosos y ya al final, desde lo alto de una ladera, pudimos ver dos renos, aunque con lo lejos que estaban podrían haber sido cualquier cosa.
El resto del parque lo vimos desde el coche, siempre siguiendo el norte. Disfrutamos las vistas de las montañas al atardecer, vimos sus contornos dibujarse al caer el sol, y nos adentramos en la noche mientras abandonábamos el parque en busca de su vecino. No llegamos aquella noche, nos quedamos a las puertas en una pequeña zona de acampada junto al río, camino al Lago Grassy (lleno de hierba). Tuvimos mucha suerte de encontrar espacio a la primera. Bueno, en realidad estaba lleno, pero encontramos a un chico ruso muy majete que ocupaba uno de los sitios de acampada con su hermana y que, muy amablemente, nos dijo que compartiéramos con ellos el lugar puesto que todo lo demás estaba lleno. Le hicimos caso y montamos la tienda en el que sería nuestro campamento base los siguientes tres días. Las estrellas se veían niqueladas en aquel cielo despejado. La Vía Láctea me recordó caminos pasados en los que fui paralela al Ecuador en lugar de al Meridiano de Greenwich, y así, tras darles las buenas noches y las gracias a nuestros nuevos compañeros de cuarto, me eché a dormir sabiendo que a la mañana siguiente cruzaría las puertas de aquel lugar del que tanto había oído hablar y que tenía tantas ganas de dibujar en mi retina.
Todo es relativo
La teoría de la relatividad viene a decir que las observaciones relativas al tiempo y el espacio dependen de la velocidad del observador. De algún modo la teoría se coló en el lenguaje común y es muy frecuente oír la frase todo es relativo cuando hablamos de cómo vemos las cosas, con especial frecuencia cuando comparamos nuestro modo de ver las cosas a cómo las ve otra persona.
Anoche al llegar a casa no tuve que montar la paraeta, todo estaba en su sitio ya dispuesto. Esta mañana al levantarme no he tenido que esquivar mochilas ni andar con cuidado para no pisar a nadie. Yo diría que la velocidad no ha cambiado en este caso porque mi casa sigue descansando sobre los mismos soportes en los que lo hacía hace unas semanas, pero, al irse la tropa, mi casa se ha quedado más vacía de lo que estaba antes de iniciar el viaje (y no hablo de un par de bolsas de cereales).
Lo pasamos bien. De algún modo, a pesar de las estrecheces, las risas dominaron la escena. La despedida, como siempre, dejó un vacío que habrá que llenar con las cosas cotidianas que no se van a ninguna parte si una no las deja de lado. Todo es relativo y para mí que el espacio está menos vacío si nunca ha sido ocupado.
PD: Desde aquí doy las gracias a quien me hizo la foto a menos de cien metros de mi vigilante hermana en los escasos diez segundos en que se despistó y pude acercarme un poco al borde del Gran cañón del Colorado.
Antes de despertar...
He vuelto de Yellowstone embelesada por su grandeza pero también cansadísima. No me ha dado tiempo a digerir que estuve allí después de soñarlo por tanto tiempo, ni a poner mis ideas en orden sobre todo lo que vi y lo que significó para mí pero la foto que he visto esta mañana en internet no merece estar esperando a que me despierte de mi sueño vacacional, así que la dejo aquí ya, y ya volveré en otro momento a hablar de osos, búfalos, alces, geisers, fumarolas, rangers, bosques quemados regenerados...

No le pongo palabras que habla por sí sola.
Via Mangas Verdes
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Lo aprendí de los indios
Los Yámanas habitaban Tierra de Fuego mucho antes de la llegada del hombre blanco. Estos intrépidos aborígenes surcaban con sus canoas de leña las aguas del canal Beagle, que fue nombrado en honor al barco en el que viajaba el recientemente celebrado Charles Darwin. Navegaban desnudos, embadurnados con grasa de lobo marino, y a menudo con una hoguera en la embarcación para asegurarse de que no se quedaban sin fuego. Así se mantenían prácticamente secos, porque el agua secaba rápido sobre su piel en cuanto soplaba un poco de aire. De hecho, muchos de ellos murieron cuando el hombre blanco se empeñó en cubrirlos con telas (aparte de otras muchas intromisiones). Las ropas mantenían la humedad durante horas, y los pobres caían enfermos de pulmonía y allí se acababa su historia. Por si alguien lo duda, sí, acabamos con ellos.Hoy el sur de California parecía la costa valenciana en unos de esos días de septiembre en que, siempre coincidiendo con la salida del cole, se ponía a llover a cántaros, siendo los paraguas meros accesorios decorativos incapaces de mantener nada seco por debajo del cuello. Hoy no salía del colegio, sino del gimnasio, y a falta de otra solución he optado por intentar la solución Yámana. Me he remangado los pantalones, he guardado los calcetines y las zapatillas en la mochila, también el jersey y me he lanzado a la carrera a cruzarme todo el campus de vuelta al laboratorio. Lo único que estaba seco (y calentito) al volver a casa en el autobús una hora más tarde eran mis pies. El jersey ha ayudado, pero debería haberme quitado la chaqueta también y haber salido solo con la camiseta de manga corta, caray, me he calado entera de todos modos...
Llevamos desde el domingo a remojo; ésta no es la California que me vendieron.
Weather Notes
January 15, 2010 - Massive rains predicted for next week:
"Due to the very wet pattern that has been consistently advertised for next week by all models...and after coordinating with ncep hpc and adjacent offices...forecaster consensus and confidence high for periods of moderate to heavy rain and mountain snow across southern california through next week. the best analog pattern for this week-long event is january 1995. Rainfall estimates for next week are... 4 to 8 inches near the coast..."
Hace quince años que no veían tanta agua en una misma semana... Lo peor de todo es que han cancelado la excursión para avistar ballenas que teníamos prevista el sábado. Ballenas... eso también fue en Argentina, pero es otra historia.
La foto es una vista de los Andes en Tierra del Fuego, Argentina, desde una isla al sur de Ushuaia.
Human shame, nature in pain
Aviso: este enlace dirige a escenas bastante desagradables de las que he incluido una muestra al final de esta entrada
Cómo se le queda a una el corazón cuando ve estas cosas. La gente paga por ir al cine y ver películas de terror, pero qué mayor terror que ver los efectos que estamos teniendo en nuestro planeta y la pasividad con la que seguimos adelante. Os sitúo en la escena. Estamos en los alrededores de Churchill, un pueblo en la bahía de Hudson, allá al norte, en pleno centro de Canadá, en la provincia de Manitoba. Los consejos de un compañero de laboratorio y unas 36 horas de tren me llevaron hasta allí hace unos años en el que se puede considerar como "mi primer gran viaje a mi bola". Aquí el ser humano no es más que un mero invitado. Vive recluido en unas docenas de casas construidas cerca del puerto, rodeado de tundra y frío. Este es terreno de osos polares. Entre otras maravillas también se pueden observar en la zona las cautivadoras auroras boreales, luces que iluminan la noche bailando a un son inaudible pero hipnotizador. Estamos situados más al norte del límite norte del bosque boreal. Aquí no se puede llegar por carretera y el tren lleva sensores que analizan el grado de congelación del permafrost bajo los raíles para adaptar su velocidad a las condiciones reinantes.
Este lugar se encuentra en el punto donde los osos polares regresan a la bahía helada aprovechando que el agua en la desembocadura del río se congela antes que en mar abierto. Los osos suben con el borde del hielo cazando focas. Más tarde, bajan más al Este donde el hielo dura más, para volver hasta aquí si sobreviven a otro verano de hambruna.
La ecuación ha venido funcionando bien durante muchos años. Colocar el pueblo de Churchill en medio de la ruta de migración fue una idea feliz de algún infeliz que solo pensó en los intereses comerciales de utilizar la ruta más corta para navegar hasta Europa, pero los habitantes se han acostumbrado a oír las sirenas de alarma cuando un oso entra en la zona poblada y no ha habido grandes problemas. La ecuación se está rompiendo, la estamos rompiendo, a base de calentar el planeta. El hielo cada vez se deshace antes y más deprisa, empujando a los osos a bajar más rápido y con menos reservas de grasa. También llega la nueva helada más tarde, forzando a esos majestuosos mamíferos a buscar comida donde no la hay. Las fotos que me han dejado el cuerpo deshecho esta mañana muestran hasta qué punto de desesperación estamos empujando a estos animales.
Estos días en Copenhague se reúnen para no hacer nada los dirigentes más poderosos del mundo. Ya se sabe que no habrá tratado vinculante y, aunque tuvieran la desfachatez de firmarlo, después del caso omiso que hicieron de los objetivos de Kioto nadie se iba a creer que lo fueran a cumplir. Es todo una pantomima, pero puede servir de excusa para hace a pensar a quienes sí tienen en sus manos el cambiar las cosas. Nosotros en nuestro día a día, en cada elección que hacemos en el supermercado, en la ropa que llevamos, en la forma en que nos movemos, hacemos que el mundo vaya hacia el calentamiento o hacia el desarrollo sostenible. Nosotros decidimos si Copenhagen se convierte en Hopenhagen.
Este mundo no es nuestro y si no lo tratamos bien, nos echará a patadas, del mismo modo que ha echado a otros antes. Sería una buena muestra de inteligencia además de todo un detalle de cortesía con nuestros convecinos, dejar de cavar nuestra propia tumba.
Damage(d)
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